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Las experiencias traumáticas o estresantes en la infancia pueden derivar en problemas de conducta o emocionales en la edad adulta

Las experiencias adversas en la infancia (ACEs por sus siglas en inglés) son definidas como una serie de acontecimientos estresantes o traumáticos entre el que se encuentra el abuso, la negligencia o las disfunciones en el hogar (familiares con enfermedades mentales, encarcelados, ser testigo de violencia doméstica, etc.). Estas vivencias pueden alterar y afectar el desarrollo cerebral y social y comprometer el sistema inmunitario, así como conducir al abuso de sustancias y otros tipos de estrategias de afrontamiento poco adaptativas.

Hasta ahora, los estudios sobre estas experiencias se habían centrado principalmente en países anglosajones como los Estados Unidos, pero los conceptos de maltrato y gravedad percibida pueden ser diferentes según el grupo cultural. Por eso se ha planteado si los datos obtenidos y las consecuencias en este contexto podrían ser extrapolables en otros países o si, en sociedades colectivistas, como la española, donde el valor familiar tiene un papel fundamental, esta singularidad podría servir como amortiguador del impacto o por el contrario, para exacerbar la vulnerabilidad de los niños.

Las conclusiones aportadas por la profesora Aitana Gomis Pomares, del Departamento de Psicología Evolutiva, Educativa, Social y Metodología de la Universitat Jaume I de Castelló (UJI), evidencian que a mayor número de experiencias traumáticas o estresantes hay una mayor probabilidad de desarrollar problemas de conducta o emocionales durante la edad adulta. El análisis se ha realizado por medio de seis estudios; los tres primeros valoran el impacto acumulativo y diferencial de vivencias adversas; el cuarto contempla la validación de la escala Deviant Behavior Variety Scale en el ámbito español, y los dos últimos evalúan el riesgo de reincidencia delictiva en dos etnias minoritarias mediante el instrumento Youth Level of Service/Caso Management Inventory.

En el caso de haber sido víctima de maltrato físico, las personas tienden a imitar el comportamiento y adoptar estrategias de riesgo similares cuando son adultos. Si se ha sido víctima de negligencia emocional (donde los menores nunca se han sentido especiales o importantes dentro de un contexto protector) se manifiesta una falta de altruismo porque no son capaces de desarrollar la capacidad de amar o de preocuparse por los otros. En general, los resultados también han demostrado que hay una transmisión intergeneracional, que puede afectar hasta tres generaciones sucesivas, por ejemplo, el abuso de sustancias al hogar predice el consumo de drogas y la conducta antisocial; tener familiares encarcelados produce una mayor tasa de detenciones o convivir con familiares con una enfermedad mental aumenta la probabilidad de sufrir depresión, ansiedad o estrés.

Los estudios que han evaluado los factores de riesgo de reincidencia delictiva en una población de menores infractores, población que frecuentemente ha sufrido muchas vivencias traumáticas y que presenta conductas desadaptadas, han mostrado que la validez predictiva de la herramienta utilizada (Youth Level of Service/Caso Management Inventory, YLS/CMI) funciona en muestras mayoritarias pero no de forma tan precisa en las minoritarias. En el caso de las dos minorías étnicas estudiadas (árabe y gitana) los resultados muestran diferencias culturales que implican la vulneración de derechos como la igualdad ante la ley (al puntuarse con más riesgo a los menores de alguna de estas dos etnias que a otros colectivos) y que hay que revisar las herramientas empleadas rutinariamente para detectar posibles sesgos basados en la raza o la etnia.

Galardón de la American Psychological Association

Los estudios forman parte de la tesis doctoral presentada por la profesora Gomis-Pomares en la universidad pública de Castellón en abril de 2022 bajo la dirección de la profesora Lidón Villanueva Badenes. La American Psychological Association ha galardonado este trabajo que lleva por título Minors at risk: adverse childhood experiences and youth offending.

La División 37 de la American Psychological Association concede cada año este galardón a trabajos que versan sobre política social, prestación de servicios, bienestar o defensa de los niños y niñas. El objetivo de esta división es la puesta en marcha de políticas de protección de los menores, juventud y familias como, por ejemplo, mediante programas de prevención de maltrato infantil o la atención terapéutica a los delincuentes juveniles violentos.

Aitana Gomis Pomares se profesora ayudante doctora de Psicología Evolutiva en la Universitat Jaume I de Castellón. Es graduada en Psicología, con Máster Oficial en Psicología Jurídica, y Doctora Cum laude en Psicología con mención Internacional. Ha sido premio extraordinario de Grado en Psicología y becaría FPU por el Ministerio en el grupo de investigación DEVELOP ( Desarrollo y Contextos Educativos) del área de Psicología Evolutiva en la Universitat Jaume I de Castellón.

Su línea de investigación principal se ha centrado en el estudio de los menores en riesgo desde una doble vertiente: los menores víctima y los menores infractores, ha realizado diversas publicaciones nacionales e internacionales. Asimismo, ha realizado estancias nacionales en la Universitat de València dirigida por el Dr. Vicente Prado-Gascó e internacionales en el ISPA – Institute of Applied Psychology de Lisboa dirigida por el Dr. Miguel Basto-Pereira.

Fuente: UJI