Recomiendan fomentar la resiliencia proactiva para estar preparadas frente a crisis como la de la COVID-19

La catedrática de Psicología Social de la Universitat Jaume I de Castelló (UJI), Marisa Salanova, asegura que la actual crisis causada por la pandemia del coronavirus puede favorecer «una resiliencia más proactiva de cara a las dificultades en las organizaciones, de tipo más potencial que responsiva, que se anticipe, estructure y minimice el impacto de los acontecimientos estresantes que aparecen», porque «la resiliencia se puede aprender y entrenar mediante intervenciones psicológicas positivas que ya han mostrado su eficacia y evidencia empírica».

Salanova explica en el artículo ¿Cómo sobrevivir al COVID-19? Apuntes desde la resiliencia organizacional, publicado en el monográfico La Psicología Social ante el COVID-19 del International Journal of Social Psychology, cómo articular, desde la investigación en psicología organizacional positiva, los mecanismos psicosociales de la resiliencia organizacional y cómo, a través del entrenamiento en recursos psicológicos, organizacionales o sociales, las instituciones, organismos o empresas pueden afrontar los efectos causados por la pandemia de la COVID-19 o cualquier otra crisis similar.

Según la directora del equipo WANT (Prevención Psicosocial y Organizaciones Saludables), «la resiliencia humana y social no se limita únicamente a resistir (como lo hacen los materiales en el campo de la física), sino que incluye la capacidad de reconstruir y superarse a pesar de las dificultades» porque la resiliencia surge de la adversidad y «es la capacidad de seguir funcionando bien en situaciones adversas, algo positivo que es consecuencia de algo negativo, y se puede desplegar en las organizaciones».

En su opinión, no todas las organizaciones han reaccionado igual frente a la pandemia. «En España, muchas ya estaban implementando cambios que otros no querían “ver” como el teletrabajo, la reestructuración de equipos con la generación de equipos ad hoc y recolocaciones, el cambio de producción dentro del mismo sector (como la fabricación de máscaras en el textil), la televenta en línea o el uso de redes sociales corporativas», pero «otras organizaciones, sin estos recursos laborales y psicosociales, los han tenido que implementar de manera forzosa, con más o menos éxito, y con multitud de contratiempos debidos a una falta de previsión en el pasado». Por eso, propone recursos de tres tipos: recursos psicológicos positivos, relaciones sociales positivas y prácticas organizacionales saludables.

Entre los primeros estarían las capacidades y fortalezas de las personas que son significativas por sí mismas. «Fortalecer al personal mediante intervenciones psicológicas positivas contribuirá de forma significativa a reducir el estrés, favorecer el bienestar y mejorar el desarrollo», comenta la catedrática. Algunos de los recursos que mayor incidencia tendrían en la resiliencia serían las emociones positivas; las creencias de eficacia, la investigación de sentido y significado o la innovación y la flexibilidad.

Cultivar unas relaciones interpersonales positivas sería el segundo tipo de recursos, porque como explican los especialistas contribuye al desarrollo, acumulación y acceso a otros recursos significativos que reducen el estrés al reducir la incertidumbre (Carmeli et al., 2013). En opinión de Salanova, «las organizaciones tendrían que fomentar las relaciones positivas entre el personal como una fortaleza para afrontar situaciones adversas, pero también como medio para fortalecer su desarrollo personal y profesional».

En tercer lugar, estarían las prácticas organizacionales saludables, la resiliencia de los equipos fomentada con políticas de conciliación, protocolos de mobbing, comunicación positiva o programas de salud; el trabajo en equipo, la eficacia colectiva percibida o el liderazgo que inspira a su personal y que le transmite coraje y valentía durante periodos de crisis, entre otras.

Como conclusión, la profesora recomienda que «después de esta crisis, las organizaciones y los países tendrían que plantearse más seriamente la necesidad de promocionar la salud entre su personal, cultivando recursos de resiliencia antes de que se produzca la crisis y no reaccionar cuando ya estamos en ella», porque la resiliencia organizacional no les permite únicamente adaptarse, «sino también aprender del trauma, crecer como organización en el ámbito de las personas y los equipos, económica y socialmente».

El artículo de la catedrática de Psicología Social de la UJI ha sido incluido en un monográfico del International Journal of Social Psychology que la revista ha publicado con diez propuestas teóricas sobre la forma en que la psicología social puede –potencialmente– ayudar a afrontar la pandemia de la COVID-19. En las aportaciones se aborda cómo usar distintos modelos teóricos para entender mejor la epidemia, sus consecuencias y cómo afrontarlas; la importancia de considerar variables (clase social o género) y se examinan las causas y las consecuencias o los retos y las preguntas de investigación que se podrían plantear en los ámbitos de la psicología ambiental, organizacional o social comunitaria.

El monográfico completo se puede consultar aquí.

Fuente: UJI







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