Demuestran que las montañas valencianas del interior sufren más que las litorales por el cambio climático

Las montañas valencianas del interior con mayor valor ambiental sufren el aumento de temperatura por el cambio climático más acusadamente que las del litoral. Así se desprende de diversos estudios sobre cambio climático en la Comunidad Valenciana llevados a cabo por especialistas de la Universitat de València (UV).

Las investigaciones analizan el impacto real que el cambio climático (temperaturas y precipitaciones) ya está teniendo en la Comunitat Valenciana desde mediados del siglo pasado hasta hoy. Su principal aportación es el elevado detalle espacial con que se están cartografiando estos cambios, gracias a nuevos métodos que permiten aprovechar conjuntamente la información de muchas más series climáticas observadas, independientemente de su duración, apoyados en procedimientos de downscaling estadístico. En este contexto se ha dado a conocer en los últimos días (noticia 2-11-2018) un estudio sobre precipitaciones que ha revelado una pérdida destacable de precipitación hídricamente aprovechable en las cuencas más interiores y cabeceras del Júcar y Segura.

A ello se suman los resultados de estudios sobre cambio térmico y bioclimático que el mismo grupo de investigación de la Universitat de València de los Departamentos de Geografía y Física, los profesores Javier Miró, María José Estrela, Vicente Caselles y Igor Gómez, en colaboración con la Universidad de Alicante (el profesor Jorge Olcina del Laboratorio de Climatología), han publicado recientemente en revistas de alto impacto internacional en la materia, como Atmospheric Research .

Una importante revelación es el aumento en la frecuencia de inversiones térmicas nocturnas, relacionadas con temperaturas altas o anomalías positivas en las cumbres y laderas montañosas, situación que se invierte en los valles y llanos prelitorales que quedan fuera del efecto urbano (y que de este modo notan menos el efecto del cambio climático térmico). Puesto que los observatorios de larga duración se sitúan en su mayoría en los valles, hasta ahora no se había podido detectar el cambio climático más acelerado que se está produciendo sobre las montañas.  Ahora sí se ha podido cuantificar, y el resultado es que el calentamiento está resultando ser el doble de rápido en el interior y zonas altas que en la franja litoral (hasta tres veces mayor en el caso de Gúdar y Javalambre). Así, mientras que desde 1948 la franja litoral ha tenido un incremento térmico de no más de 0.5ºC, el interior se aproxima a 1ºC, y las zonas altas del interior norte incluso alcanzan a sufrir un calentamiento de 1.5ºC. Junio es el mes más crítico, que ha pasado de ser climáticamente primaveral a veraniego. Este mes registra un incremento térmico de hasta 2.5ºC en las zonas más altas del interior, que en el caso de las máximas alcanza a ser de 3ºC en Gúdar y Penyagolosa, como caso más extremo. El incremento térmico es también en general mayor para las temperaturas máximas, a pesar del incremento de las mínimas en las áreas urbanas litorales.

Esto se traduce en un potencial cambio bioclimático y vulnerabilidad de las áreas montañosas interiores de mayor valor ambiental. En ese sentido, el equipo ha cuantificado el cambio potencial que ya habría acontecido en los pisos bioclimáticos dependientes de la temperatura, con especial énfasis en cada uno de los parques naturales de la Comunitat. Los resultados indican una significativa regresión de la superficie englobada en los pisos bioclimáticos situados más arriba, como los supramediterráneos y oromediterráneo (Itc Rivas-Martínez), lo que señala un riesgo potencial para las especies vegetales que dependen de las características climáticas propias de estos pisos.

Este contexto de un aumento de temperaturas y disminución de precipitaciones, que está resultando ser mayor en las cabeceras clave para el abastecimiento hídrico del territorio, se explica por cambios acontecidos en la circulación atmosférica general sobre nuestras latitudes. Así, el paso de borrascas de Oeste a Este de la Península Ibérica se ve cada vez más obstaculizado por dorsales de aire cálido acompañadas de altas presiones o pantanos barométricos, lo que afecta a la llegada de lluvias a las montañas del interior Norte y una menor frecuencia de vientos del Oeste (a pesar de intercalarse periodos muy húmedos más cortos en que consigue restablecerse dicha circulación). Lo cual se traduce a su vez en una mayor frecuencia de vientos marítimos o brisas en el litoral, amortiguando aquí parte de los efectos del cambio climático (Figura 5), al tiempo que los esporádicos temporales de Levante, de génesis mediterránea, alcanzan con mayor torrencialidad puntos del litoral, causando lluvias que se concentran aquí y alcanzan mucho más débilmente los sectores clave de recarga del interior.

Todo ello abre la puerta a un panorama de un acusado aumento de la evapotranspiración y del estrés hídrico en las zonas altas del interior que alimentan los acuíferos y ríos más aprovechables, mientras que no disponemos de ningún embalse importante o infraestructura capaz de aprovechar de alguna manera las fuertes lluvias que con cada vez más frecuencia afectan el litoral o las montañas prelitorales del Sur del Golfo de Valencia.

Fuente: UV







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